22 de juny 2017

GOMBROWICZ - La madurez, los líderes.



Gombrowicz, amigo a su vez de Constantín Jelensky, amigo a su vez de mis estimados Rafael Martínez y Leonor Fini, fué un pensador extravagante por sus formas y más que razonable en su fondo si consideramos que nuestra sociedad está enferma por la gran cantidad de líderes, chamanes, gurús, sabios y papas/mamas que nos indican en todo momento lo que está bien o mal. 


    

Dijo: 

"Ataco la Poesía por la misma razón que ataco la Nación o ataco el mito de la Madurez: en nombre de la percepción inmediata de las cosas, en nombre de la espontánea humanidad. Ataco todas esas Formas que dejan de ser para el hombre un cómodo abrigo y se convierten en rígido y pesado caparazón. Ataco todo aquello que, contra nosotros, crece por sí sólo, y para comprometernos".

La inmadurez sería para Gombrowicz lo maleable, lo que aún no tiene forma, pero también la individualidad, la juventud, la libertad, la energía que puede llegar a ser cualquier forma. La madurez sería la forma conclusa, una forma que, sobre todo, viene del conformarse a las convenciones, a la cultura dada, a los estereotipos, a lo gregario. La madurez sería, por tanto, la máscara social de una inmadurez individual que renuncia a alcanzar su propia forma y se somete: "Toda forma superior nos pueriliza", nos infantiliza. Y lo que vale para la tensión entre el individuo y la sociedad vale también para la relación de las culturas jóvenes con las consagradas. La filosofía de este polaco, afincado veinticuatro años en la Argentina, se antoja cargada de sentido, transparente, certera, ajustada a nuestro momento histórico. Su ataque a la poesía está muy alejado del de aquel ateniense que tenía a los poetas por inmorales y subversivos. 

"El problema de la Forma, el hombre como productor de Forma, como esclavo de las formas, la idea de la Forma Interhumana como soberana fuerza creadora, el hombre no auténtico, son cuestiones que vengo tratando y sobre las que he procurado siempre llamar la atención." Y, ¿qué ocurre cuando el individuo se somete pero no se conforma a las formas sociales, ya sea porque no le gustan, porque no alcanza a entenderlas o porque las tiene por hueras mistificaciones? Ocurre que, por un lado, juega a lo inauténtico, a las modalidades de la interacción humana, y, por otro, "la persona torturada por su máscara se construye en secreto, para su uso privado, una especie de subcultura; un mundo hecho con los desperdicios del mundo cultural superior, un dominio de la ratería, de los mitos informes, de las pasiones inconfesadas... un secundario dominio de la compensación".

 Y, ¿cuando no se somete? Puede, como pretendió el propio Gombrowicz, luchar para dar con la forma que le sea propia, construirse una madurez no prestada y auténtica. Pero, ¿cómo llevar esa lucha y saber si lo conseguido no es simple pacotilla, una particular formalización de la inmadurez? Otra de las muchas urgentes cuestiones que suscita Gombrowicz es saber cómo afrontar una situación en la que quedamos sometidos a Formas, imperantes pero ciertamente no superiores, inmaduras en su esencia... y, sin embargo, nos conformamos, nos puerilizamos... Y, ante lo informe, sobre todo el social.., ante un informe social que carece de voluntad, fuerza o juicio para formarse, ¿qué hacer?... 
Witold Gombrowicz (1904-1969) 1904 Nace en Maloszyce, el 4 de agosto